Navidad de amor en la Araucanía
Todo era mágico, el árbol de Navidad, un bello pino adornado de frutas y flores silvestres, cerezas, rojas cerezas resaltaban en el verde fondo de árbol, y uno que otro esquivo copihue engalanar con su presencia el señorío de una raza indómita, como guirnaldas, unas güiras de color amarillo, de la corteza de algún arbusto.
Todo simple, con el candor inocente de la infancia. Esa Navidad había amanecido lloviznando, lo que no es raro en mi pequeño pueblo de la Araucanía.
Mamá y papá amasaban un pan dulce, sentada en un rincón, sobre el flexible balai, observo mi alrededor plasmando todo en una película invisible, en lo más profundo de mi memoria. Ahí está la Navidad, la sagrada familia, papá y mamá y nosotros cinco de nueve hermanos, los niños chicos, que tuvieron regalos simples, como un tambor, una muñeca con carita de cartón, que vivían en una casita pobre de rústica madera obscura.
Entre mis hermanitos de 2 y 9 años, armábamos nuestro pesebre en un improvisado toldo bajo el rojizo notro, esperábamos que amainara la garuga, y en la crujiente paja de trigo, colocábamos a nuestro pequeño hermano, como el Jesucito de los niños pobres.
Papá criaba gansos y cabritos, los que arreábamos para que llegaran al pesebre. Como mi región, es de clima cambiante, de la garuga pasa a un vientecillo cálido apareciendo el sol, entonces otro regalo, las luces para nuestra mágica Navidad, las luciérnagas o candelillas
Apareciendo por doquier, como diminutos platillos voladores azules,
¡Oh dicha efímera! ¿ No pudo ser eterna?
Mi hermana menor, traía al pesebre en su pequeño canasto, un pedazo de tortilla, unos largos porotos verdes, un ramo de cilantro semillado, con una visión futurista, deseando que no faltara el pan en nuestras mesas, hoy todos dispersos, comunicándonos eso si con la tecnología actual.
Tarde ya, nos íbamos a dormir, 1, 2, 3, 4, 5, camitas, cuyo colchón estaba relleno de paja nueva de trigo, los cuales al acostarnos recogían nuestros cuerpecitos, propinándonos unos cosquillosos masajes. ¿ Cuál es el asombro?
Si Dios que se hizo niño por amor a todos, tuvo la misma camita de paja en un pesebre y también, un papá y una mamá.
Bellas Navidades transcurrieron en nuestra efímera infancia, veíamos a niños de otras casas, con triciclos, grandes muñecas rubias que daban pasitos, unos hermosos árboles con adornos brillantes y luces artificiales, encontrábamos todo hermoso, no sabíamos de diferencias sociales, nunca nos preguntábamos, porqué teníamos tan poco, porqué nuestra casa no tenía luz eléctrica
La luna nos alumbraba en nuestros juegos de niños y el arroyo que cruzaba nuestro patio nos regalaba bellas melodías, el amanecer nos despertaba un conciertos de pájaros, el tac, tac, del hacha de papá fabricando un yugo, el aroma vivo de la tortilla, recién sacada del rescoldo y el vagante café de trigo, y la voz de mamá diciendo ¡Ya hijos, a tomar desayuno! Mi madre era bella con la delicadeza de una flor.
Esas eran las Navidades, de niñitos pobres, pero ricos en amor.
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