JUAN Y JUAN
Se llamaban Juan, y los dos recorrieron los campos de Lastarria. Los hermanaba el amor a esta tierra, llena de dificultosa existencia, amaron la libertad en la verde soledad del paisaje y soñaron un mundo hermoso, donde ellos serían raíces de robles fuertes, en cuyas ramas cobijarían a sus hijos, los que un día emprenderían el vuelo mas allá de la cordillera, en otras tierras bañadas por el Atlántico, o al valle central donde las vides enseñorean el paisaje estival mostrando sus frutos generosos.
Juan y Juan tuvieron buenas compañeras, donosas y pacientes, siempre esperando sus llegadas del campo cargados de anécdotas, desafiando el clima, muchas veces cargando al hombro sus trabajos y los recuerdos.
El color verde del campo se impregnó en sus espíritus y sus almas se tornaron verdes derrochando amistad por donde fueran. Las puertas de sus casas se abrían al amigo, que sinceros, llegaban de visitas.
Las calles de su pueblo, supieron de sus pasos, y la llamada del altísimo llevo el eco al Lau-Lau, Y Juan se despedía de esta tierra bendita. Mientras que allá en el valle curicano, cuatro años antes, estrujando las uvas, brindó en el cáliz el ultimo adiós, siempre teniendo en un raconto los recuerdo por los caminos de San Jorge, Mantahue, Santa Rosa etc, aquel Juan fue mi padre y mi amigo.
Estoy contenta que en el cielo se encuentren los dos Juanes y tendrán el permiso del Señor de los cielos, para ver la mañana, rogarán por sus hijos, rogaran por la esposa, por la tierra que supo darles amor de madre, por las noches tranquilas con sus bellas luciérnagas, que danzan coquetitas, y después preguntan:
- ¿ Cómo me veo Juan?-
…Y los dos Juan contentos, levantarán las copas sus eternas amigas y en una letanía ellos dirán salud.
Temuco, Febrero 2005
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