jueves, 23 de septiembre de 2010

La Huída de las hojas

LA HUIDA DE LAS HOJAS

Desde la ventana del altillo, veo caer las hojas es su tiempo, fenece su existencia, el fuerte vendaval está anunciando el inviernos y las hojas son llevadas por el vorágine intempestivo del huracanado viento. Los colores otoñal, café-amarillo, dan luminosidad al gris del entorno estacional.
En el frio asfalto las hojas se arremolinan, y corren calle abajo asustadas, con sus bocas desdentadas ,pidiendo auxilio sus cortas patitas danzan su última carrera, doblan por el pasaje Los Cerezos, y saltan al patio de Julio, debajo del gran cerezo donde invernan las luciérnagas, ahí las hojas se detienen, se abrazan para dormir el sueño eterno.
Marina y Julio, de vez en cuando los visitos, igual que yo somos adultos mayores, estamos viviendo el éxodo de las hojas, estamos macilentos y solemos parecer niños dependiendo del árbol, o sea nuestros hijos. Mis amigos vivieron en mi pueblo natal ese lugar incrustado en el verde espesor de sus cerros, parte de nuestra historia llena de urdimbre de recuerdos lejanos. En el verano, cuando las hojas son un verde toldo protector, y las tardes apacibles, esperan el anochecer, entonces desde el Cerezo, aparecen las luciérnagas, como una caravana fosforescente centellean, en un susurro estival.