Miedos de Invierno
Inesperadamente crujió la rama del árbol, la fuerza del viento, lanzó el nido de los jilgueros.
Mamá avecilla acurrucó contra su pecho a sus dos polluelos y piándoles en sus oídos, los arrullaba, ¡No tengan miedo! Les decía, ya pasará el mal tiempo, mientras la lluvia se dejaba caer con toda su furia, El nido se desintegró, y mamá voló con sus hijitos a un alero de una casa vecina, el albergue era acogedor y pronto deshumedecieron sus mojadas plumas, un olorcillo a sopita le llegaba a sus estómagos, Mamá rogaba a Dios para que pasara la tormenta, voló hasta el muérdago y oteo el invisible horizonte, donde los rayos formaban figuras de caleidoscopios. Su tristeza se hacía infinita, su compañero no encontraría el nido y unas lágrimas se sumaron al agua de la lluvia, Papá jilguero tenía su corazón apretado por la angustia no sabía nada de su familia, estaba lejos, trabajando más allá del mar. La lluvia arreciaba y el viento y su prepotencia crispaban los nervios.
Encontró el nido deshecho nadando corriente abajo, más su pulso se aceleró y comenzó a volar como nunca lo había hecho, pasó por el jardín de aquella casa donde un pino lo rodeaban las azaleas, las lavandas y los helechos y recordó que solían jugar con sus hijos entre el Dasme y el rododendro, se posó en la gruta de la Señora y oró por su familia, entonces como una respuesta a sus ruegos miró el alero y vio a su familia,¡ Mamá, Papá llegó!.
Los polluelos se abalanzaron sobre su papá avecilla colmándolo de trinos.
Reunidos dieron gracias a Dios de estar juntos y bendijeron la casa que los cobijaba,
Mientras un olor a sopita impregnaba el alero.
Otoño 2004
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