martes, 14 de septiembre de 2010

Padre

PADRE.

Padre, vengo de donde viviste,
Noble árbol, vencido por el tiempo.
Dirás cuando me veas,
-¿Usted quién es?
Pobre viejo,
amuño el alma para no llorar.
Te diré que el almuerzo,
Está caliente, que no sales al sol,
Que no te afeitas, que me duelen
Tus años, padre roble.

¿Dónde quedan las mieses,
que otrora pusiste en el hogar?
No retoza la savia por tus venas,
Te vence aun más la soledad.
Ayer fuiste fuerte roble,
y el triste espino, envidio tu temple.
Muchas veces en tus ramas,
Se posó el negro tordo cantor,
Y tú, imitando su trino, le cantabas al amor.

Cuando niña, caminaba de tu mano,
Por los campos de Mantahue,
Y bebí todo el verde, que surgía alrededor.
¡Que puedo contarte padre!
Que los campos de tu tierra están más verdes,
Que el longuino le pasó
el látigo al sol.
Que el trumao ha ensuciado mi vestido,
Que el trigal se descompuso,
Por esta lluvia estival.

Padre anciano roble, el día que tale
el hacha del Hacedor, Él pondrá para tu pena,
Un bálsamo para el dolor, mientras para ti diga,
una piadosa oración.

Si pudiera hacer un trueque, y cambiar
años por ti, para que no preguntes,
-¿Usted quién es? ¿Por qué olvidas a tu niña?,
esa que hacia diabluras y había que castigar.
Entonces yo te decía, ¡Un chinco primero papi!
Y el roble se hacia humano, amuñaba el corazón,
Y gemías de contento, ser padre es un don de Dios.

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