GOLONDRINAS EN EL SISMO.
Anocheciendo llegaron a la antigua iglesia, buscaron sus aposentos. Ellas, jóvenes, se alojaban en el campanario, sus padres más abajo juntos a los escalones, estaban exhaustos, habían recorrido los extensos viñedos de Lontué, las uvas estaban casi a punto, no así los parronales más tempraneros. La bella zona maulina, radiante de colores en la época estival, sus paisajes de un color verde esperanzador, con la majestuosa cordillera de fondo. Todo esto, las golondrinas lo guardaban con deleite. Dormían placidamente, cuando un desacostumbrado rumor, que se transformó en un ruido fuerte, dio inicio a un temblor que fue subiendo de intensidad, volviéndose en terremoto 8.8 en la escala de Richter. Todo obscuro a las 3:36 de la madrugada, sorprendió a los habitantes de cuatro regiones del país, incluyendo a la región metropolitana. Ellas, las hospedadas en la iglesia San Francisco de Curicó, estaban aterradas, los padres no encontraban la salida, para reunirse con sus hijas, el ruido que hacían las campanas las ensordecieron, afirmadas contra el muro, creyendo el fin de sus vidas, pensando que sólo a ellas, las golondrinas, les estaba pasando, en un momento quiso pasar el gran sismo, por un breve instante, bajaron las hijas golondrinas y juntos a sus padres, extendieron sus alas haciendo un semicírculo volaron dentro del caos del templo, todo caía, las imágenes, los vitrales saltaban echo trizas, lo que dio un resplandor, que pudieron aprovechar las avecitas, para salir al exterior, volaron a la plazuela, se posaron en las moreras, cuantas veces saborearon sus frutos, los frondosos árboles que estaban tatuados de corazones de enamorados, cómplices de muchas citas. Los árboles eran sacudidos fuertemente por el terremoto, las golondrinas aferradas a sus ramas, el terror las paralizaba, en ese instante se desplomó la iglesia San Francisco de Curicó, el tierral era catastrófico, todo se fue al suelo, cuantas veces las golondrinas reverenciaron este templo.
Pasado el terremoto pudieron mirarse a los ojos y sentir que estaban vivas, entonces un ímpetu, se apoderó de ellas y volaron rápidamente a la villa cercana. Encontraron a la vecina en su silla de ruedas, en el corredor de su casa, estaba muerta, el sismo le arrebató el alma, entonces una de las golondrinas colocó en su pecho una ramita de moro, diciendo; Q.E.P.D. Querida madrina.
Todo en el suelo, el centro, antiguas casas de adobes, calles y calles, el edificio del diario La Prensa, fenecido, cuanta historia perdida. Las piadosas golondrinas conmovidas, buscaron un lienzo colocando esta conmovedora frase: AQUÍ YACE EL DIARIO LA PRENSA DE CURICÓ. Ellas siguieron su vuelo a la costa de ILOCA, un niño VICTOR DIAZ, les salió al encuentro: “por aquí pasaron los camiones, y no se detuvieron, ni me vieron, lo punto es que traían toda estas cosas”. Ellas lo miraron cariñosas, les gustó el buen hablamiento y siguieron su vuelo. Duao, Infiernillo, Lipimávida, TERREMOTO Y SUNAMI, ¡Qué pena DIOS MIO! La tierra y el mar, fueron los grandes verdugos de esta catástrofe. El mar, tan atrayente para los poetas, arrebató lo que dejó el terremoto, sumergiendo, tierra, casas y vidas, quizás en que zona abismal. La familia de golondrinas, llena de congojas, surcó el aire y en raudo vuelo llegaron al ÑIELOL, la Araucanía, bastante averiada. Encontraron a sus anonadadas hermanas, sus polluelos habían saltado de los nidos, los empollados huevitos rodaban por las canaletas del techo, las consolaron, invitándolas a unirse a la alada caravana, para auxiliar al hermano, los humanos, se decían, hay que sacarles las espinas del dolor, como un día lo hicimos con la corona de Cristo. Desde entonces, tenemos una misión, acompañar al que sufre, por eso llevamos este manto puesto, pronto para la oración y el recogimiento.
Se reunieron en la playa, donde la desolación era caótica. Pelluhue, desvastada, casas, solo hojarascas se mecían en el mar, muchos de los antepasados de las golondrinas, se gestaron en este lugar.
Un hombre joven escarbaba desconsolado, sus pertenencias habían desaparecido, se le acercaron; como te llamas y que haces. Soy Bruno Sandoval, y busco una herramienta, algo para sentirme útil en esta tragedia, lo ayudaron las golondrinas, escarbaron, sus piquitos eran garfios, sacaron un trapo, que por tirar se rasgó, era nuestro tricolor, embarrada, entristecida, nuestra bandera, que es la madre, que es la esposa, el hogar, la patria entera, que va oculta en nuestro propio corazón. Bruno levantó la bandera, y un oportuno fotógrafo plasmó para el país y el mundo entero esta visión, un chileno levantando nuestra bandera. Las avecillas, siguen trabajando, se les ve ayudando a colocar los impermeables de colores, a las transitorias mediaguas de nuestros hermanos damnificados…Loado sea Dios.
Temuco, Junio 01 de 2010